UltraSeAT: tras la cadena de montaje

7 diciembre, 2006

Una hermosa canción de Tim Buckley

Filed under: Musica,Uncategorized — ultraseat @ 07:59 am

Con tu hermoso cabello y tus dieciséis años
me besaste mientras yo permanecía tumbado.
Si nunca vuelvo a verte dormiré para siempre,
para matar todo mi solitario amor.

(Tim Buckley, Song slowly song)

Tuve conocimiento de la existencia de Tim Buckley a raíz de ver el documental “Dear America: Letters home from Vietnam. Básicamente toda la banda sonora de esa película es de una calidad excepcional: Gimme shelter de los Stones, Fortunate son de Creedence Clearwater… pero había una canción que servía de fondo a una secuencia de un joven soldado demacrado, con el brazo en cabestrillo y la guerrera sobre los hombros, andando por un camino después del combate. Ambas -canción e imágenes- me impresionaron por su intensidad y expresividad.

El tema era Once i was. Buscando por ahí di con Tim Buckley, su autor. Os recomiendo que lo escuchéis. Hace ya cuarenta años este hombre, por entonces apenas un adolescente, publicaba su primer album. Como muchos otros cantautores y artistas de los 60 perdió la vida prematuramente a causa de la heroína. Tenía 28 años.

Mr.V.

Extraído de “La Música y las Fieras” nº 7, un análisis de gran calidad:

<<Como sucede en muchas ocasiones, escuchar por primera vez a alguien de quien sabes tantas cosas pero desconoces lo esencial supone un primer contacto emocionante. Pones el disco y eliges la canción, ‘Dream letter’, y entonces lo ves claro. Una introducción brillante, de una tristeza infinita… y de repente una poderosa voz inunda la habitación. Se dirige a ti sin vacilación y crece de pronto para luego retornar reposada sin perder su emotividad.

Tensión y libertadEs una pieza dedicada a su hijo, el malogrado Jeff Buckley, en forma de carta. La canción es asimétrica, no tiene estribillo ni forma clásica. Recuerda a la tensión y la libertad del Van Morrison de Astral Weeks, pero tiene esa voz pura, catártica, religiosa, desnuda, impropia de un cantante de rock al uso. Entonces miras la portada: un bello rostro muestra una pena muy grande. Mira hacia abajo, esquiva nuestra mirada. Su cara ocupa todo el espacio. Unos rasgos fuertes y hermosos, su voluminoso pelo rizado. Has escuchado a Tim Buckley.

Estamos ante un artista enorme, de esos para quien de verdad su vida era la música. La amaba y vivía a través de ella. Y es uno de los nombres más citados y respetados en esto de la ‘modernidad’ musical. De hecho, ahora que anda tan en boga el término, se puede considerar parte de su legado como ‘post-rock’, pues su música siempre guardaba un equilibrio entre lo culto y lo popular, decantándose, en ocasiones, por lo uno o por lo otro.

Tim Buckley nace en 1947 y, a menudo, se habla de él como músico fracasado y extravagante. En efecto, sus cualidades eran inmensas, lo tenía todo para la música: voz, belleza, actitud, composiciones, talento, energía… pero acabó entregando discos mediocres (comparados con los anteriores y nunca valorados por sí mismos) como Look at the fool (1974), en un intento de sonar comercial y alcanzar el éxito a cualquier precio. Acabó como tantos otros, cansado de la vida y decepcionado ante sus placeres: el sexo, la droga, el amor, los ritmos, las melodías… no bastaban. Había madurado muy deprisa. ¿Qué más da? Si no puedes aspirar a todo, me quedo sin nada. El suicidio. Sobredosis de heroína de baja calidad. Sus dos últimos años son pura decadencia que ya se venía gestando desde antes.

Un t�mido jovenHabía debutado en 1966 con un álbum maravilloso y mágico, como toda su mejor obra. Desde la portada, un tímido joven, casi adolescente aún (tenía 19 años) se apoya en una pared con una chaqueta al hombro. Estamos ante un disco excelente que ya contiene todas las claves de su música posterior. Y además ofrece algunos de sus clásicos. Sorprende ante todo su madurez, su energía, el sonido preciosista y sensual, enérgico y evocador de su banda. Y, cómo no, esa voz que ya suena especial. Es, sin duda, uno de los debuts más destacados de los 60. Las dos primeras canciones, ‘I can’t see you’ y la balada orquestada ‘Wings’, ya son definitorias de un estilo propio y estremecen como la primera vez que las escuchas.

Después vendrá, sólo al año siguiente, Goodbye and Hello (1967) y, otro más tarde, Happy Sad (1968), dos de sus obras capitales y el porqué de que Tim Buckley ocupe el lugar que ocupa en la historia de la música popular. Y en 1971 su disco más enigmático y poliédrico, Starsailor, que contiene su canción más estremecedora y por la que es más reconocido, la inmortal ‘Song to the Siren’, versionada hasta la saciedad.

De 1970 es Lorca, álbum dedicado al poeta granadino y Blue Afternoon, una colección de baladas estremecedoras y narcóticas. En 1972 cambia de rumbo y entra de lleno en los dominios del rock más tradicional. Su voz suena ahora más sucia y lujuriosa en canciones inmensas como ‘Sweet surrender’ donde recuerda a Marvin Gaye. La exprime hasta el límite al servicio de excelentes composiciones, algo que no ocurrirá en sus últimos discos.

Hasta aquí nuestro repaso por su obra, no tan breve si tenemos en cuenta su muerte prematura.

Tim Buckley envejeció velozmente. Con 21 años estaba ya dando lo mejor de sí. Es necesario que la historia del rock guarde unEnvejeció velozmente destacado capítulo para su legado. Canciones como ‘Morning Glory’, ‘Love from Room 109’, ‘Phantasmagoria in two’, ‘Moulin Rouge’ o ‘Song slowly song’ son especiales, quizás de las mejores compuestas en las décadas de los 60 y 70. Su música tiene un componente vital indescifrable. Puede sonar a muchas cosas a la vez, pero siempre conserva su identidad. Sus influencias son heterogéneas: The Byrds, otros marginados como Fred Neil o Tim Hardin; pero también Van Morrison, Hank Williams, Laura Nyro, Johnny Cash, el rock y el folk primitivo, su gusto por los instrumentos extraños y las canciones tradicionales asiáticas (de hecho, trabajó en el Departamento de Etnomusicología de la Universidad de California), el soul, el jazz de Miles Davis, Thelonius Monk o Charles Mingus. A propósito de este género comentó una vez: «Me gusta Miles Davis y otros como él porque su música sale de la comunicación entre los hombres que la tocan. Nunca olvidaré cuando vi a Roland Kirk equivocarse en una nota, y en décimas de segundo supo incorporarla al sonido general haciendo que fuese parte de él».

En estos tiempos asépticos y precocinados en lo musical, reivindicar una obra tiene tantos sentidos como queramos. Escuchad a un músico titánico, de esos que emocionan con sólo cambiar de acorde. Su legado se revaloriza con el tiempo y es descubierto cada día por buscadores inquietos. Su culto no cesa y va en continuo aumento: reediciones, libros, publicaciones de conciertos, homenajes suntuosos, etc. Hoy en día es una figura capital que no necesita de más intermediarios para enganchar a cada escucha. Y un mito comparable a, por ejemplo, Scott Walker, Gram Parsons o Arthur Lee. Estemos a la altura.>>

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4 diciembre, 2006

Dituyí, esto es rap

Filed under: AudioVisual misceláneo,Musica — ultraseat @ 09:52 am

Mirando videos en youtube a raiz del fenómeno Costa (Platoon) -el perdonavidas que nos mata de risa en la linea- he visto este de un joven rapero. Me parece, cuanto menos, interesante lo que dice :p

… y para terminar uno de los Hermanos Herméticos

Mr.V saluda a Carlos-MethodMan 🙂

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